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Pasaje en mano

Viajé 14.000 kilómetros con dos sueños: descubrir y conocer el país más grande del mundo y ver a Argentina jugar un Mundial. Y cumplí los dos. 

Todo empezo con una idea, parecia tan lejana y se fue haciendo cada vez mas real. Primero sacamos los pasajes a Europa, despues nos anotabamos en todas las fases de ventas de entradas hasta que lograbamos sacarlas, buscar alojamiento, vuelos internos.

Salimos de Córdoba un miércoles a la tarde, era el 20 de junio, el dia de la bandera. No era una casualidad, nos íbamos a alentar sus colores alla a lo lejos. Era nuestra manera de festejar su dia.


Hicimos escala en Madrid (con el vuelo genial de Air Europa casi directo con escala en Asuncion). Ese 3-0 con Croacia lo vimos en las calles españolas, una derrota que caian lagrimas de bronca, de desilusion. Todavia no habiamos llegado a destino. No estabamos ahi alentando.
Tengo que reconocer que la euforia con la que veniamos desde Argentina se esfumo un poco con el resultado pero sin embargo embarcamos ese vuelo a San Petersburgo al dia siguiente con toda la energia y la emocion de siempre, con esas ganas y esa cuenta regresiva que veniamos desde hace dias.
Cuando aterrizamos en San Petersburgo una piel de gallina invadia el cuerpo, estaba en territorio ruso, en el pais mas grande del mundo.
No sabia que iba a pasar ese 26 de julio ante Nigeria pero ya me habia cambiado el humor. Mientras transitabamos las calles ya nos empapabamos de clima mundialista, la gente euforica, cada uno con los colores de su bandera. Porque nadie salia a la calle sin su bandera. Era algo que todos teniamos en comun. Nuestra ropa diaria tenia que ser si o si algo de nuestro pais. Para que al salir a la calle, los otros pudieran reconocerte mas facil y en un pais tan lejos y tan grande ver un argentino era un mimo al alma. Era como decir “vinimos a lo mismo, con el mismo objetivo”
Los argentinos copaban calles, restuarentes y bares. Y eso lo corrobore en el banderazo antes del partido con Nigeria, casi 2.000 almas nos juntamos en la plaza del Hermitage, caminando fuimos hasta el hotel, era una marea celeste y blanca. La gente que pasaba no entendia nada, de nada. SI, estamos locos. Realemtne estamos locos, locos de amor al futbol, a Messi, a viajar, somos tan apasionados en todo que se nos nota a un kilometro.

Rusia es tan grande y fascinante como me lo imaginé. Cada rincón cuenta una historia diferente. Las calles están adornadas por muchos colores, abundan los rosas y celestes pasteles en sus fachadas. Es magia para nuestros ojos. Los colores no conocen de idiomas. 
Los rusos son amables, pero la verdad que el idioma fue una gran barrera, hablan poco y nada de inglés y hasta tienen otro alfabeto llamado cirílico. 
привет (hola, se se pronuncia privet) Спасибо! SPAZIVA (gracias)Este Mundial de Fútbol ayudó mucho a que Rusia se abra al mundo. Hace 50 años un evento de esta magnitud en la URSS hubiese sido imposible. Nos están dejando conocerlos mientras ellos nos conocen a nosotros. Las calles hoy están colmadas de turistas de todo el mundo que se juntan cada 4 años para cantar. Ganen o pierdan siempre el clima es de fiesta. Hombres, mujeres, chicos y grandes, el fútbol no entiende de categorías. Estuvimos alentando a la Selección Argentina ante Nigeria y fue mucho más que un partido de fútbol. Fue dejar de lado todo, poner un freno por 90 minutos y tirar todos para el mismo lado para luego sumergirnos en un momento no programado de felicidad total. Porque en el Mundial y siempre, Argentina hay una sola. 

Un viaje se vive desde que lo soñamos, cuando lo planeamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos.
Rusia es tan inmensa y fascinante como me la imaginé. Cada rincón cuenta una historia diferente. Las calles están decoradas y pintadas por muchos colores, abundan los rosas y celestes pasteles en sus fachadas. Y aquí, es cuando nos damos cuenta que los colores no conocen de idiomas y los ojos hablan el mismo lenguaje.
Los rusos son muy amables pero el idioma es una gran barrera, hablan poco y nada de inglés y hasta tienen otro alfabeto llamado cirílico. Con los carteles de FIFA en inglés en las principales estaciones de Metro y descargando en el celular un traductor nos movimos con perfecta tranquilidad.
Este Mundial de Fútbol ayudó mucho a que Rusia se abra al mundo. Hace 50 años un evento de esta magnitud en la URSS hubiese sido imposible. Nos están dejando conocerlos, mientras ellos nos conocen a nosotros. 
Las calles estaban colmadas de turistas de todo el mundo que se juntan cada 4 años para cantar. Ganen o pierdan siempre el clima es de fiesta. Hombres, mujeres, chicos y grandes, el fútbol no entiende de categorías. 
Conocimos San Petersburgo, Moscú y Kazán. Cada ciudad tiene lo suyo, cada una tiene brillo propio.
Estuvimos alentando a la Selección Argentina ante Nigeria y Francia, y fueron mucho más que partidos de fútbol. Fue dejar de lado todo, poner un freno por 90 minutos y tirar todos para el mismo lado para luego sumergirnos en un momento no programado de felicidad total y de tristeza desconsolada.

Porque en el Mundial y siempre, Argentina hay una sola.